San Luis Potosí, S. L. P. México
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HUASTECA SIN H, SIN HUMO DE LEÑA
09/03/25 | 11:11 | Por: Fernando Díaz-Barriga
La leña es utilizada por los pueblos originarios para cocinar y los enferma. No, no tienen gas. Tampoco energía solar. Solamente leña, que al quemarse se transforma en humo, se convierte en enfermedad.

1. En nuestro país la combustión de leña representa una tercera parte de la energía, pero mientras en la zona urbana, la leña significa el 17% de las fuentes energéticas, en las zonas rurales significa el 72%. 

2. Pero el asunto se agrava cuando analizamos el escenario de la vivienda indígena, 27 millones de mexicanos, la mayoría de ellos de pueblos originarios, la emplean para cocinar, para alumbrarse, para calentarse y si, también para llamar a la espiritualidad. 

3. El punto es que al quemarse el humo de leña daña, en él se encuentra una mezcla de químicos, unos más tóxicos que otros. PM 2.5, dioxinas, HAPs, formaldehído, benceno y muchos más. Pero, además, no es raro que, en la madrugada, cuando se prende el fogón, se quemen plásticos para acelerar el proceso. Entonces aparecen los ftalatos, las PFAs, las centenas de aditivos que se utilizan en ellos y también los microplásticos. La contaminación al interior de la vivienda indígena es más grave que el de las ciudades, supera por 40 veces las guías de calidad de aire de la Organización Mundial de la Salud. 

4. ¿Quiénes se exponen más? Por supuesto las mujeres y junto con ellas las niñas y los niños. ¿Cuándo inicia la exposición? Simple, desde el vientre materno. 

5. Entonces no es raro que las mujeres expuestas al humo de leña sufran de enfermedades respiratorias, cáncer, alteraciones cardiovasculares, predisposición a la tuberculosis y lo más grave, tristeza. Quienes tienen Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica por leña (EPOC-leña), sufren de una menor calidad de vida y eso impacta en su salud mental. Se ha calculado que las mujeres indígenas pasan 60 mil horas de su vida frente al fuego y ello significa 25 millones de litros de aire. 

6. Por otro lado, en México, 5 millones de niñas y niños se encuentran expuestos a la leña. Cinco millones de futuros viven inhalando ese veneno en forma de humo, esa ceniza y ese hollín. Entonces esta realidad nos lastima con cifras de infecciones respiratorias, asma y una mayor mortalidad infantil. 

7. ¿Qué hacer? por supuesto debe lucharse por eliminar totalmente al humo de leña, pero mientras se luche por llevar gas o energía solar o cualquier otra solución, una alternativa menos mala es la estufa eficiente, que reduce el consumo de leña y hasta en un 90% las emisiones. El problema es que no hay estufas eficientes en número suficiente. En nuestro país, apenas el 1.5%, así es no es error de dedo, el uno punto cinco por ciento de los usuarios de leña tienen estufas eficientes. Además, en el sur de México, donde radica el 51% de quienes usan leña, solamente se ha instalado el 11% de las estufas. Desigualdades por doquier. Si esto no es inequidad en salud no sé lo que sea. 

8. Barreras de todo tipo han impedido el crecimiento de los programas para la instalación de estufas eficientes y por supuesto no hay presupuesto para el diseño de nuevos modelos. 

9. Por ejemplo, en SLP del 2010 al 2015 se instalaron 60 mil estufas, más como negocio que como medida de salud pública. Sin programa de control alguno el resultado fue el esperado, en menos de un suspiro, las estufas estaban abandonadas y abandonado su uso. Desde entonces, los esfuerzos han sido prácticamente nulos. 

10. La enfermedad por leña tiene rostro de mujer, tiene olor a pobreza y se viste de indígena. ¿Será por eso por lo que a nadie le interesa hacer algo por atenderla? 

Quiero creer que una luz tenue y lejana, pero luz al fin, se ha prendido en el diseño del nuevo modelo de salud de México. Dónde lo comunitario tendrá mayor presencia. Quiero creer que con este modelo, finalmente se apagará la leña.

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